Por: Don Eliseo
Algunos cuentos tengo de los carnavales de antes, cuando
el General Pérez Jiménez eran maravillosos, un lujo para exhibir. Habían muchas
carrozas decoradas de mil motivos; unas parecían barcos, otras animales
gigantes que movían la cabeza y volteaban los ojos, luego las llenas de flores
o con obras de ingeniería recién inauguradas el 2 de diciembre, porque aquí todo
se inauguraba ese día por ser aniversario del “Nuevo Ideal”, o lo que es lo
mismo, cuando Pérez Jiménez tomó el poder, en 1952.
Las muchachas mas bellas y de las "buenas
familias" de Caracas eran las que con trajes alegóricos según el tema en
cada carroza iban sobre ellas, el rey Momo, siempre gordito, con colores
escandalosos y dando risotadas las acompañaba. Toditos los que venían en las
carrozas adornadas iban tirando caramelos, serpentinas y papelillos al público
y aquel gentío gritando “Aquí es, aquí es”. Todos se alborotaban, estábamos en
grupos familiares disfrutando la música que ambientaba desde camiones y
carrozas con enormes megáfonos y alguna bandita pachanguera que acompañaban el
desfile al ritmo de moda; el Cha cha cha. Todos echábamos un pie con ese ritmo
tan contagioso, bien pegajoso. Hasta cantábamos aquello de “La marina tiene un barco, la aviación tiene
un avión, vamos a ver a los cadetes que hoy están de graduación”. ¡Que
gozadera!
Aunque teníamos que cuidarnos de algunos zagaletones que
tiraban después los caramelos como pedradas en ojo de boticario, hasta me
contaron que una vez le sacaron el ojo a una reina de carnaval. ¡Que horror!
Pero eso no solía pasar, los policías andaban “ojo e' garza” y sí veían a un
desadaptado con ínfulas de pitcher se lo llevaban de una vez a punta de rolazos
o a planazos. ¡Y eso si pica muchacho!
Las principales carrozas eran de cada parroquia con su
respectiva reina abordo, además estaban las carrozas de los trece ministerios y
algún Instituto importante del gobierno, como el Banco Obrero que hacía casitas
y apartamentos para todo el pueblo; yo nací en una de ellas allá en Catia, pequeña
pero con todas las comodidades y barata!
Bueno, luego venía la elección de la reina del Carnaval
de Caracas (con corona y todo), y el “Decreto” de festejo del Rey Momo, que era
siempre muy cómico, adaptado a las circunstancias y personajes del momento.
Todos los de mi cuadra se destortillaban de la risa con esa rochela.
Con el calorón me tuve que tomar como 3 Orange Crush que
era lo único que me vendieron en la esquina, a mi familia se le
antojó tomar “Chicha A1”, pero a mí eso me da mas sed.
Así, nos devolvimos desde la avenida Urdaneta hasta la
casa. Los muchachos con el pelero lleno de papelillos, se durmieron en el
autobús a pesar del bochinche que llevábamos.
¡Que Caracas aquella, la de mis tiempos!…
Don Eliseo































