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miércoles, junio 06, 2012

Historias Chicas de Caracas: Kennedy en Venezuela



 Por: Don Eliseo


¡Ah caramba! Veamos como empieza.
 Está aquel gentío en los bordes de la avenida Ávila de Altamira, (ahora se llama Luis Roche), es casi mediodía y “el sol quema blancos y suda negros”, como decía el poeta Andrés Eloy Blanco. Muchos tienen alternativamente banderitas de Venezuela o de EEUU y en la otra mano un “raspado” con leche condensada o un helado Efe de palito. Una señora mayor, algo gorda sentada en su taburete de cocina que trajo de su casa, pregunta - ¿Y a que hora dicen que vienen los Kennedys? –Ya están llegando mamá, responde calmada otra señora un tanto mas joven.

Yo que de “bregetero” me vine desde Catia con mi pichurro en el autobús circunvalación (y sólo me costo medio) ya estaba achicharrado con el calorón, pero la curiosidad de ver a los presidentes Betancourt y Kennedy juntos, además de su atractiva esposa “Jackie”, me obligaba a permanecer en mi sitio de 1ª fila en aquella espontánea manifestación de vecinos venidos de muchas partes de Caracas.

Existía una gran simpatía por esta pareja tan encantadora de amplias sonrisas; John Fitzgerald y Jacqueline, tanto lo habíamos visto en la televisión que eran como actores de Hollywood o de una serie en Radio Caracas TV, o sea casi conocidos de la familia venezolana.

Ya vienen! Se oyó una voz gritona a lo lejos y sentimos el ruido ronco de un pocotón de motos Harley Davidson de los escoltas presidenciales, enormes y ruidosas, se notaba que venían aceleradas. Casi de inmediato pasaron tres motos como a cien y los PM (Policias Militares) que formaban barrera se apretujaron de cara al público, un minuto después 10 ó 12 motos a baja velocidad y de inmediato tres Cadillacs negros blindados antecediendo un enorme Lincoln Continental de techo transparente donde venían lentamente y con amplias sonrisas las 2 parejas presidenciales, saludaban a ambos lados y se notaban fresquitos.
La gente les gritaba con alegría, daban vivas y aplaudían con euforia, mi hijo, el pichurro, estaba como asustado ante ese ruido de muchedumbre además de los apretujones que se produjeron por breves segundos. Lo tomé de la mano y lo tranquilicé. –Ya vale, ya pasó, nos vamos ahora.

Nos dirigimos hasta la Pastelería Flor de Castilla en la acera de enfrente y nos comimos unos dulcitos bien ricos, él escogió como siempre de chocolate y yo uno de vainilla. Cuando los fui a pagar casi me da un infarto de lo caros que eran esos “Canutos”, 3 bolos cada uno!
Refunfuñando por ese realero  nos fuimos caminando por donde iba todo el mundo y  de vuelta a nuestro autobús que tomamos luego de un cuarto de hora, otra vez bajo el sol!
La verdad es que la pasamos chévere, no tenía porque quejarme y logramos ver de cerquita a los Kennedy y me di cuenta que Betancourt era más feo que el carrizo, con todo y pipa. Así fue aquel lejano domingo de 1961.

¡Que Caracas aquella, la de mis tiempos!…  

viernes, mayo 25, 2012

Historias Chicas de Caracas: Carnavales de Anteayer


Por: Don Eliseo

Algunos cuentos tengo de los carnavales de antes, cuando el General Pérez Jiménez eran maravillosos, un lujo para exhibir. Habían muchas carrozas decoradas de mil motivos; unas parecían barcos, otras animales gigantes que movían la cabeza y volteaban los ojos, luego las llenas de flores o con obras de ingeniería recién inauguradas el 2 de diciembre, porque aquí todo se inauguraba ese día por ser aniversario del “Nuevo Ideal”, o lo que es lo mismo, cuando Pérez Jiménez tomó el poder, en 1952.

Las muchachas mas bellas y de las "buenas familias" de Caracas eran las que con trajes alegóricos según el tema en cada carroza iban sobre ellas, el rey Momo, siempre gordito, con colores escandalosos y dando risotadas las acompañaba. Toditos los que venían en las carrozas adornadas iban tirando caramelos, serpentinas y papelillos al público y aquel gentío gritando “Aquí es, aquí es”. Todos se alborotaban, estábamos en grupos familiares disfrutando la música que ambientaba desde camiones y carrozas con enormes megáfonos y alguna bandita pachanguera que acompañaban el desfile al ritmo de moda; el Cha cha cha. Todos echábamos un pie con ese ritmo tan contagioso, bien pegajoso. Hasta cantábamos aquello de  “La marina tiene un barco, la aviación tiene un avión, vamos a ver a los cadetes que hoy están de graduación”. ¡Que gozadera!

Aunque teníamos que cuidarnos de algunos zagaletones que tiraban después los caramelos como pedradas en ojo de boticario, hasta me contaron que una vez le sacaron el ojo a una reina de carnaval. ¡Que horror! Pero eso no solía pasar, los policías andaban “ojo e' garza” y sí veían a un desadaptado con ínfulas de pitcher se lo llevaban de una vez a punta de rolazos o a planazos. ¡Y eso si pica muchacho!

Las principales carrozas eran de cada parroquia con su respectiva reina abordo, además estaban las carrozas de los trece ministerios y algún Instituto importante del gobierno, como el Banco Obrero que hacía casitas y apartamentos para todo el pueblo; yo nací en una de ellas allá en Catia, pequeña pero con todas las comodidades y barata!

Bueno, luego venía la elección de la reina del Carnaval de Caracas (con corona y todo), y el “Decreto” de festejo del Rey Momo, que era siempre muy cómico, adaptado a las circunstancias y personajes del momento. Todos los de mi cuadra se destortillaban de la risa con esa rochela.

Con el calorón me tuve que tomar como 3 Orange Crush que era lo único que me vendieron en la esquina, a mi familia se le antojó tomar “Chicha A1”, pero a mí eso me da mas sed.
Así, nos devolvimos desde la avenida Urdaneta hasta la casa. Los muchachos con el pelero lleno de papelillos, se durmieron en el autobús a pesar del bochinche que llevábamos.

 ¡Que Caracas aquella, la de mis tiempos!…


Don Eliseo

martes, mayo 08, 2012

Historias Chicas de Caracas: Cine Castellana





Historias Chicas de Caracas: 
Cine Castellana
Por: Don Eliseo

Ahhh... El Cine Castellana... Hace un pocotón de años, corrían los sesentas, todos los muchachos eran pelúos, en aquellos años les llamábamos "pavos", el presidente recién electo era Raul Leoni y un refresco costaba medio (0.25 Bs) y con 5 Bs almorzabas bien en Los Hnos. Alvarez, un sabroso restauran del centro.
Por esos tiempos en donde Caracas era más tranquila no había mucho que hacer y a mí me encantaban las películas, así que un día me fui al Castellana a ver una de submarinos alemanes contra destructores americanos. Se llama algo como “El Zorro del mar”. Era buenísima!
Fui a la función de Matiné, (que era como llamábamos a las de las 3 pm), para que no me agarrara el sereno al salir de la función, nunca había ido a ese cine, pues queda muy lejos de acá de Catia de donde soy yo, en fin, llegué tempranito y faltando como una hora, me metí a la fuente de soda que quedaba allí mismo, se llamaba El Conuco, además aprovechaba de echarle un ojito al carro que dejé estacionado en la entrada del cine, en plena avenida Francisco de Miranda, no tenía isla entre los que iban y los que venían, y ni siquiera rayado. En esa época yo tenía un Studebaker  del 59.

Faltaba poquito para empezar la película así que compro mi entrada que costaba un Bolívar, la sala del cine era grandota y tenía patio y balcón.
Me siento y al comenzar la película saco todas las “gomitas”, cotufas, chocolates y maní “con concha” que me había comprado antes de entrar.  
En las grandes butacas del cine se comenzaba a escuchar como el resto de los que estaban allí comenzaron a comer cotufas en sus bolsitas, porque las cotufas venían en bolsitas, no en cajas como ahora, y hasta tú le podías echar la cantidad de sal que quisieras. 

Cuando apagaban las luces empezaba a funcionar el proyector con un documental que se llamaba “Viajando con Polar”, con hermosas imágenes de un pueblito venezolano con su folklore, costumbres y la maravillosa música que lo acompañaba, luego los “trailers” de estrenos por presentar que junto al crujir de las conchitas del maní, hacía un ambiente casi mágico.
La película era en blanco y negro obviamente, pocas eran a colores ni mucho menos en ¿cómo es que se llama? 3d o algo así que hay ahorita.

Todavía me acuerdo de esas películas en donde siempre los malos eran los alemanes o japoneses, al salir del cine Castellana me fui de nuevo a la fuente de soda en donde el portu que la atendía me quedó debiendo real y medio porque no tenía sencillo, salí de allí como siempre a comerme un perro caliente donde Filipo en la Plaza Altamira. Ese cine me encantaba, todos los miércoles estrenaban una película nueva, yo siempre estaba pendiente de los estrenos que se publicaban en El Universal, el cine era grandísimo y blanquito, tenía el nombre en la entrada, su forma era como un enorme cubo que se iba reduciendo cada cierto tramo, se veía como moderno! Los espacios eran generosos, amplios; los constructores no pichirreaban en materiales y comodidades.
No había tanto tráfico, los carros respetaban los cruces, semáforos y casi nadie se comía una flecha o tocaba compulsivamente la corneta; habían poquitas motos y muchas eran Vespas italianas. Caminábamos mas sosegados, sin tanto apuro, los anuncios luminosos ya eran bastantes y habían muchos postes de luz en las avenidas. ¡Éramos una ciudad moderna! Y el Ávila arriba, siempre allí, mirándonos y nosotros contemplándolo.

Hace no muchos años lo demolieron, después que pasó bastante tiempo abandonado, como negándose a desaparecer, contemplando una ciudad que crecía y se modernizaba pero olvidaba parte de su historia, cambiando su arquitectura poco a poco; Sabes, parte de la historia de Caracas se fue cuando lo derrumbaron, pero yo todavía lo recuerdo clarito.

Que Caracas aquella, la de mis tiempos...

Don Eliseo